Día 3 de abril
"Pues ustedes saben que Dios pagó un rescate para salvarlos de la vida vacía que heredaron de sus antepasados. No fue pagado con oro ni plata, sino con la preciosa sangre de Cristo, el Cordero de Dios, que no tiene pecado ni mancha."
1 Pedro 1:18-19, NTV
Bienvenidos a VIVA VOZ.
Hay cosas que recibimos con tanta facilidad que olvidamos lo que costaron. Nos acostumbramos a tenerlas, a disfrutarlas… y dejamos de valorarlas.
Y lo mismo puede pasarnos en nuestra vida espiritual.
Podemos acostumbrarnos tanto a la gracia, al perdón y al amor de Dios… que dejamos de recordar el precio que se pagó por todo eso.
Hoy te invito a leer en casa 1 Pedro 1:17-21.
Ahora, detengámonos específicamente en el versículo clave:
1 Pedro 1:18-19 (NTV)
"Pues ustedes saben que Dios pagó un rescate para salvarlos de la vida vacía que heredaron de sus antepasados. No fue pagado con oro ni plata, sino con la preciosa sangre de Cristo, el Cordero de Dios, que no tiene pecado ni mancha."
Nuestra salvación no fue barata.
No fue algo sencillo. No fue algo que simplemente "pasó".
Hubo un precio… y fue altísimo.
Jesús entregó su vida. No solo para perdonarte, sino para darte una nueva identidad, una nueva oportunidad, una nueva vida.
Y cuando olvidamos ese precio, comenzamos a tratar lo que Dios nos ha dado como algo común.
Nos volvemos indiferentes. Nos volvemos descuidados. Vivimos como si no hubiera costado nada.
Pero cuando realmente entendemos el costo… algo cambia dentro de nosotros.
Se despierta gratitud.
Se despierta conciencia.
Se despierta un deseo de vivir de una manera que honre lo que Jesús hizo.
No por obligación… sino por amor.
Hoy pregúntate:
No lo trates como algo común. No fue gratis.
Señor, ayúdame a no olvidar el precio que pagaste por mí. Despierta en mí una gratitud real y un deseo de vivir de una manera que te honre. Que nunca vea Tu gracia como algo común. Amén.