13 de Diciembre, 2025
"¡Ay de los que llaman lo malo bueno y lo bueno malo, que presentan la oscuridad como luz y la luz como oscuridad, que presentan lo amargo como dulce y lo dulce como amargo!"
Isaías 5:20, NTV
Bienvenidos a VIVA VOZ. Hoy vamos a tratar un tema necesario, incómodo y muy real: la normalización del pecado. Vivimos en una cultura donde lo que antes se llamaba malo hoy se celebra, se aplaude y hasta se justifica. Y si no tenemos cuidado, esa normalidad empieza a entrar en nuestro corazón. Pero la cultura cambia… y la Palabra no.
"¡Ay de los que llaman lo malo bueno y lo bueno malo,
que presentan la oscuridad como luz y la luz como oscuridad,
que presentan lo amargo como dulce y lo dulce como amargo!"
(Isaías 5:20, NTV)
Este pasaje no es una advertencia suave.
Es un grito.
Un "¡ay!" pronunciado por Dios mismo hacia un pueblo que había empezado a torcer lo correcto hasta que dejó de parecerles incorrecto.
Eso también pasa hoy.
Lo que antes dolía, ahora entretiene.
Lo que antes alarmaba, ahora da risa.
Lo que antes incomodaba, ahora se consume.
Lo que antes se evitaba, ahora se promueve.
Y sin darnos cuenta, nuestros corazones se acostumbran.
Nos volvemos insensibles.
Lo que era pecado ayer… se vuelve "normal" hoy.
Pero la cultura no determina la santidad.
La mayoría no define la moral.
Las opiniones no cambian la verdad.
Y lo que Dios llamó pecado hace miles de años…
sigue siendo pecado hoy.
El problema no es que el mundo cambie.
El problema es cuando el cambio del mundo cambia a la iglesia.
Cuando empezamos a justificar actitudes, hábitos, conductas o pensamientos porque "así son las cosas ahora", lo que estamos haciendo no es ser relevantes… es ser débiles.
Dios no nos llamó a adaptarnos a la oscuridad,
sino a brillar en medio de ella.
La normalización del pecado empieza con pequeñas concesiones:
Y esas frases, aunque suenan suaves, apagan la conciencia espiritual.
La santidad no se trata de perfección,
se trata de dirección.
De decir: "Si Dios lo llamó pecado, yo también."
Hoy pregúntate con valentía:
Haz algo práctico hoy:
Identifica un área pequeña donde has cedido terreno.
Una conducta, un pensamiento, un consumo, un hábito.
Tráelo a los pies de Jesús.
Pídeles sensibilidad de nuevo.
Él restaura lo que el corazón dio por perdido.
Señor, abre mis ojos para ver lo que tú ves. Despierta en mí sensibilidad espiritual. Líbrame de normalizar lo que tú llamaste pecado. Endereza mis pensamientos, mis hábitos y mis deseos. Llévame de nuevo a tu verdad. Amén.