29 de Diciembre, 2025
"Si no amamos a los demás, no podemos amar a Dios, a quien no vemos."
1 Juan 4:20, NTV
Bienvenidos a VIVA VOZ. Hoy quiero hablarte de una verdad que confronta más de lo que consuela: conocer a Dios no se mide solo por lo que dices creer, sino por cómo amas. Porque el amor no es un añadido opcional de la fe; es la evidencia más clara de que Dios habita en nosotros.
1 Juan 4:7–19
"Si no amamos a los demás, no podemos amar a Dios, a quien no vemos."
(1 Juan 4:20, NTV)
Juan no escribe este pasaje para confundir, sino para aclarar. No dice que amar sea fácil. Dice que es necesario. Porque el amor no es solo un sentimiento bonito; es una señal espiritual.
Podemos saber versículos, asistir a reuniones, orar con frecuencia y aun así fallar en lo más básico: amar a otros como Dios nos ama. Y eso revela algo profundo: no se puede separar la relación con Dios del trato hacia las personas.
El amor bíblico no es selectivo.
No ama solo a quien piensa como tú.
No ama solo a quien te cae bien.
No ama solo cuando es cómodo.
Es como Pedro, el vecino que siempre habla de Dios, pero vive en conflicto constante con todos. Dice amar a Dios, pero no escucha, no perdona, no cede, no considera. Juan diría: algo no está alineado.
Porque amar a Dios produce transformación visible.
Produce paciencia.
Produce misericordia.
Produce compasión.
No perfección, pero sí intención.
El amor no es la meta final… es la prueba del camino.
Pregúntate hoy con honestidad:
Haz algo práctico: muestra amor de forma concreta hoy. Escucha sin defenderte. Perdona sin condiciones. Ama como respuesta, no como requisito.
Señor, enséñame a amar como tú amas. Quita de mí toda dureza que contradiga tu naturaleza. Que mi relación contigo se refleje en cómo trato a otros. No quiero solo decir que te conozco, quiero vivirlo a través del amor. Amén.