23 de Enero, 2026
"Así que abandonen toda forma de maldad, enojo, ira, palabras ásperas, calumnias y toda clase de mala conducta."
Efesios 4:31, NTV
Bienvenidos a VIVA VOZ. Hoy reflexionamos sobre esos procesos necesarios que no siempre son cómodos, pero que restauran, ordenan y sanan lo que ha sido descuidado.
Efesios 4:11–32
"Así que abandonen toda forma de maldad, enojo, ira, palabras ásperas, calumnias y toda clase de mala conducta."
(Efesios 4:31, NTV)
En muchos lugares públicos, cuando ocurre un derrame o un desorden, se escucha un aviso claro: "Limpieza en el pasillo". No es un castigo, es una medida necesaria para evitar accidentes y restaurar el orden. Algo parecido ocurre en nuestra vida espiritual.
Pablo escribe a la iglesia de Éfeso recordándoles que, al crecer en Cristo, ciertas actitudes ya no pueden permanecer. Palabras hirientes, reacciones impulsivas, resentimientos acumulados… todo eso necesita ser atendido. No porque Dios sea severo, sino porque ama nuestra salud espiritual.
La limpieza espiritual no sucede de forma automática. Requiere reconocer lo que se ha derramado: hábitos, pensamientos o reacciones que ensucian nuestro caminar. Ignorar el desorden no lo elimina; solo lo vuelve peligroso.
Efesios 4 nos muestra que madurar en la fe implica dejar atrás viejas formas de vivir y adoptar una manera nueva, marcada por la verdad, la gracia y el amor. Dios no limpia para avergonzarnos, sino para restaurarnos.
Hoy pregúntate con honestidad:
La limpieza que Dios hace en nosotros siempre produce libertad.
Señor, muéstranos las áreas de nuestra vida que necesitan ser limpiadas. Ayúdanos a soltar lo que no refleja Tu carácter y a vivir conforme a la nueva vida que nos has dado en Cristo. Amén.