4 de Febrero, 2026
"Así es, todo lo demás no vale nada cuando se le compara con el infinito valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por amor a él he desechado todo lo demás y lo considero basura, a fin de ganar a Cristo."
Filipenses 3:8, NTV
Bienvenidos a VIVA VOZ. Hoy quiero hablarte de algo que muchos creemos tener claro, pero que pocas veces examinamos con honestidad: qué es realmente lo más valioso en nuestra vida. Todos tenemos cosas que defendemos, logros que nos representan, valores que nos enseñaron desde pequeños… pero no todo lo que parece bueno ocupa el lugar correcto.
Hoy te invito a leer en casa Filipenses 3:1–11. Es un pasaje profundo donde Pablo abre su corazón y redefine lo que realmente vale la pena. Ahora, detengámonos juntos en el versículo clave.
Filipenses 3:1–11
"Así es, todo lo demás no vale nada cuando se le compara con el infinito valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por amor a él he desechado todo lo demás y lo considero basura, a fin de ganar a Cristo."
(Filipenses 3:8, NTV)
Pablo no está hablando desde la carencia, sino desde la experiencia. Él lo tenía todo: reputación, formación, reconocimiento religioso, disciplina, obediencia externa. Si alguien podía sentirse "suficiente", era él.
Y aun así, Pablo dice algo radical: nada de eso se compara con conocer a Cristo.
No dice que esas cosas fueran malas. Dice que no eran supremas. El problema no era su bondad… era el lugar que ocupaba.
Muchas veces creemos que agradamos a Dios porque somos "buenas personas". Porque hacemos lo correcto, porque cumplimos, porque nos esforzamos. Pero Pablo nos confronta con una verdad incómoda: ser bueno no es lo mismo que vivir rendido.
Cuando ponemos nuestra identidad en lo que hacemos bien, en lugar de en Aquel a quien seguimos, incluso lo bueno se vuelve un obstáculo.
Conocer a Cristo no es información.
No es conducta.
No es reputación.
Es relación. Es rendición. Es dependencia.
El bien supremo no es lo que logras… es a quién perteneces.
Hoy pregúntate con sinceridad:
Nada debe competir con el valor de conocerlo.
Señor, ayúdame a poner todo en su lugar. Quita de mi corazón cualquier orgullo disfrazado de bondad. Enséñame a considerarte como mi mayor tesoro y a vivir desde una relación genuina contigo. Amén.