Devocional del día
06 de Junio, 2025
Lee y escucha a la vez para una experiencia completa
"Oh Señor, ¿hasta cuándo me olvidarás? ¿Será para siempre? ¿Hasta cuándo mirarás hacia otro lado?"
— Salmo 13:1
¿Alguna vez has orado y sentido que las palabras se quedan en el aire? Lees la Biblia… y nada. Cantas… y no sientes. Pides… y no pasa nada. Eso es algo que todos hemos vivido: El silencio de Dios.
Y aunque duela admitirlo, muchas veces ese silencio nos incomoda, nos confunde… hasta nos hace dudar. Pero no estás sola. David también lo sintió. Y lo dejó escrito en forma de oración.
"Oh Señor, ¿hasta cuándo me olvidarás? ¿Será para siempre? ¿Hasta cuándo mirarás hacia otro lado? ¿Hasta cuándo tendré que luchar con angustia en mi alma, con tristeza en mi corazón día tras día? ¿Hasta cuándo mi enemigo seguirá dominándome?"
"Pero confío en tu amor inagotable. Me alegraré porque me has rescatado. Cantaré al Señor porque él es bueno conmigo."
— Salmo 13:1–2, 5–6, NTV
Conozco a una joven que llevaba meses orando por una respuesta. Pasó por un duelo, un cambio de vida, muchas noches llorando… y nada. Hasta que un día, leyendo este mismo salmo, lloró y dijo: "Dios, si no me vas a responder, al menos no me sueltes."
Y fue justo ahí, en esa sinceridad cruda, donde sintió paz por primera vez en meses. No fue una respuesta… Fue una presencia.
David empieza con un grito: "¿Hasta cuándo?" Pero termina con una declaración: "Cantaré al Señor porque Él es bueno conmigo." Eso no pasa porque todo cambió. Pasa porque su fe creció en medio del silencio.
A veces, Dios calla…
Y ese tipo de fe… permanece.
Hoy, si sientes que Dios está en silencio, no lo tomes como abandono. Tómalo como una invitación a confiar más hondo, a amar más fuerte… y a seguir cantando, aun sin sentir.
Señor, a veces tu silencio me pesa. Me confunde. Me duele.
Pero no quiero desconectarme. Quiero confiar en tu amor, incluso cuando no te oigo.
Ayúdame a seguir creyendo, cantando y esperando, porque tú eres fiel. Amén.
Esto fue VIVA VOZ.
Gracias por quedarte hasta el final.
Si este mensaje tocó tu corazón, compártelo con alguien más.
Y recuerda:
El silencio de Dios no es ausencia.
A veces es una invitación a una fe más profunda.
Nos escuchamos mañana.