📅 Día 26 de marzo
"El que siembra buena semilla es el Hijo del Hombre."
Mateo 13:37, NTV
Bienvenidos a VIVA VOZ.
Hay momentos en la vida en los que no entendemos por qué estamos viendo ciertos resultados. Nos preguntamos por qué se repiten situaciones, por qué hay áreas que no avanzan o por qué emocionalmente nos sentimos estancados. Pero pocas veces nos detenemos a mirar hacia atrás y preguntarnos con honestidad: ¿qué he estado sembrando?
Hoy te invito a leer en casa Marcos 4:1-20.
Ahora, detengámonos específicamente en el versículo clave:
Mateo 13:37 (NTV)
"El que siembra buena semilla es el Hijo del Hombre."
La vida espiritual funciona bajo un principio que no cambia: todo lo que sembramos, tarde o temprano, dará fruto. Jesús usó constantemente la imagen de la siembra porque es algo que no falla. Nadie siembra una cosa esperando cosechar otra. Sin embargo, muchas veces vivimos como si eso fuera posible.
Sembramos pensamientos negativos, palabras hirientes, decisiones impulsivas o hábitos que nos alejan de Dios… pero esperamos paz, estabilidad y crecimiento. Y cuando eso no ocurre, nos frustramos.
El sembrador de la parábola no controla dónde cae cada semilla, pero sí es responsable de lo que siembra. Y ahí está la clave. No todo está bajo tu control, pero sí lo que decides poner en tu corazón, en tu mente y en tu vida cada día.
Dios es quien hace crecer la semilla, pero tú decides cuál siembras.
Cada conversación, cada decisión, cada pensamiento repetido es una semilla. Algunas construyen, otras destruyen. Algunas acercan a Dios, otras endurecen el corazón. Y aunque el fruto no aparece de inmediato, siempre llega.
Por eso, vivir con Dios no es solo creer, es sembrar correctamente.
Hoy pregúntate con sinceridad:
Haz un ajuste hoy. No mañana. No después. Hoy. Porque cada día es una nueva oportunidad de sembrar bien.
Señor, ayúdame a ser consciente de lo que estoy sembrando en mi vida. Enséñame a elegir bien mis palabras, mis pensamientos y mis decisiones. Quita de mí todo lo que no produce buen fruto y guíame a sembrar aquello que te agrada. Amén.