3 de Marzo
"Ustedes saben el dicho: 'Cuatro meses entre la siembra y la cosecha'. Pero yo les digo: ¡Despierten y miren a su alrededor! Los campos ya están listos para la cosecha!"
Juan 4:35, NTV
Hoy, bienvenidos a VIVA VOZ.
Hay momentos en los que creemos que nada está pasando. Oramos por alguien durante años. Sembramos palabras. Mostramos amor. Y pareciera que no hay fruto visible.
Pero en el reino de Dios, muchas veces lo invisible está más avanzado de lo que imaginamos.
Hoy te invito a leer en casa Juan 4:35–38. Ahora enfoquémonos específicamente en el versículo clave.
"Ustedes saben el dicho: 'Cuatro meses entre la siembra y la cosecha'. Pero yo les digo: ¡Despierten y miren a su alrededor! Los campos ya están listos para la cosecha!"
(Juan 4:35, NTV)
Jesús dijo estas palabras después de hablar con la mujer samaritana. Mientras los discípulos pensaban en comida y en tiempos naturales de siembra, Jesús estaba viendo algo diferente: corazones preparados.
Aquí hay una tensión hermosa. Nosotros solemos medir los procesos con relojes humanos. Sembrar. Esperar. Cosechar. Pero Jesús les dice: levanten los ojos. Miren bien. Lo que ustedes creen que aún falta… ya está listo.
En el contexto, los samaritanos venían caminando hacia Él después del testimonio de aquella mujer. Lo que parecía improbable, ya estaba maduro.
A veces creemos que somos los únicos trabajando. Pero Jesús aclara algo más adelante: "Yo los envié a cosechar donde ustedes no sembraron; otros ya habían hecho el trabajo" (v. 38).
Eso cambia todo.
En el reino de Dios no competimos. Cooperamos.
Alguien oró antes. Alguien sembró antes. Alguien lloró antes.
Y quizá ahora tú estás viendo fruto… o quizá tú estás sembrando para que otro coseche.
Eso nos libera de la presión de controlar resultados. Nuestra responsabilidad no es producir el crecimiento. Es obedecer, sembrar y levantar los ojos.
La cosecha no siempre está lejos. A veces está frente a nosotros, pero estamos demasiado distraídos para verla.
Pregúntate hoy:
¿Estoy atento a las oportunidades espirituales que Dios está poniendo delante de mí?
¿Estoy sembrando fielmente, aunque no vea resultados inmediatos?
¿Estoy dispuesto a cosechar con humildad lo que otros sembraron?
Levanta la mirada. Puede que el campo esté más listo de lo que crees.
Señor, abre mis ojos para ver los campos que ya están listos. Quita de mí la distracción y el desánimo. Enséñame a sembrar con fidelidad y a cosechar con humildad. Que mi vida sea parte de tu obra, no para mi gloria, sino para la tuya. Amén.