9 de Marzo
"Pues Dios, quien dijo: 'Que haya luz en la oscuridad', es quien hizo que su luz brille en nuestro corazón para que podamos conocer la gloria de Dios que se ve en el rostro de Jesucristo."
2 Corintios 4:6, NTV
Hoy, bienvenidos a VIVA VOZ.
Hay noticias que cambian la historia. Noticias que liberan. Noticias que transforman la vida de quienes las escuchan.
Pero una noticia, por poderosa que sea, no produce ningún efecto si nadie la comunica.
Hoy te invito a leer en casa 2 Corintios 4:1–6. Ahora enfoquémonos específicamente en el versículo clave.
"Pues Dios, quien dijo: 'Que haya luz en la oscuridad', es quien hizo que su luz brille en nuestro corazón para que podamos conocer la gloria de Dios que se ve en el rostro de Jesucristo."
(2 Corintios 4:6, NTV)
Después de la Segunda Guerra Mundial ocurrió algo sorprendente. Algunos soldados japoneses continuaron escondidos durante años porque no sabían que la guerra había terminado.
Uno de ellos, Hiroo Onoda, permaneció oculto en una isla de Filipinas durante casi treinta años. Había recibido la orden de no rendirse, y pensaba que los mensajes que anunciaban el fin de la guerra eran trampas del enemigo.
No fue hasta 1974 que su antiguo comandante viajó hasta la isla y le confirmó personalmente que la guerra había terminado.
Imagínalo por un momento: vivir décadas en una batalla que ya había sido ganada.
Algo parecido ocurre en el mundo espiritual.
La Biblia nos dice que Jesucristo "quitó la muerte y sacó a la luz la vida y la inmortalidad por medio del evangelio" (2 Timoteo 1:10). La victoria ya fue obtenida en la cruz.
Pero muchas personas aún no lo saben.
Muchos viven atrapados en miedo, culpa o desesperanza porque nunca han escuchado claramente la buena noticia de lo que Cristo ya hizo por ellos.
El apóstol Pablo entendía esto profundamente. Por eso hablaba del evangelio como una luz que Dios enciende en los corazones.
Cuando esa luz se enciende, todo cambia.
La persona descubre que no está condenada. Que hay perdón. Que hay vida nueva. Que la batalla por su alma ya fue ganada por Jesús.
Pero aquí surge una pregunta importante: Si nosotros ya conocemos esta noticia… ¿quién se la contará a los demás?
Hoy reflexiona:
¿Estoy compartiendo con otros la esperanza que he recibido en Cristo?
¿Hay alguien en mi vida que necesita escuchar esta buena noticia?
¿Estoy dispuesto a ser un instrumento para que otros conozcan la luz de Jesús?
Recuerda: el evangelio no es solo una verdad para creer… es una noticia para compartir.
Señor, gracias por la luz de tu evangelio que ha iluminado mi vida. Ayúdame a no guardar esa verdad solo para mí. Dame valor y sensibilidad para compartir tu amor con quienes todavía no te conocen. Amén.