12 de Noviembre, 2025
"Después del viento hubo un terremoto, pero el Señor no estaba en el terremoto. Pasado el terremoto, hubo un incendio, pero el Señor tampoco estaba en el incendio. Y después del incendio hubo un suave susurro."
1 Reyes 19:11-12, NTV
Bienvenidos a VIVA VOZ. Hay tanto ruido a nuestro alrededor que, a veces, confundimos el silencio de Dios con su ausencia. Pero Él no ha dejado de hablar… simplemente, ya no lo estamos escuchando. Vivimos con el alma llena de ruido: conversaciones pendientes, preocupaciones, redes sociales, trabajo, comparaciones. Y en medio de todo eso, pretendemos discernir la voz del cielo.
"Entonces el Señor le dijo: 'Sal y ponte de pie delante de mí, en la montaña'. Mientras Elías estaba de pie allí, el Señor pasó, y un viento fuerte golpeó la montaña. Pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento hubo un terremoto, pero el Señor no estaba en el terremoto. Pasado el terremoto, hubo un incendio, pero el Señor tampoco estaba en el incendio. Y después del incendio hubo un suave susurro."
(1 Reyes 19:11-12, NTV)
Elías buscaba a Dios en el estruendo, en lo visible, en lo impresionante… pero Dios decidió manifestarse en un susurro. El problema es que, para escuchar un susurro, tienes que estar cerca y en silencio.
Dios sigue hablando, pero el ruido de nuestra vida moderna lo ahoga: el ruido de la ansiedad, de las redes, del trabajo, del miedo, del querer tener todo bajo control.
Queremos dirección, pero no hacemos espacio. Queremos revelación, pero no hacemos pausa. Y olvidamos que la voz de Dios no compite con el ruido: espera que lo apaguemos.
Pregúntate hoy: ¿qué ruido está robando tu capacidad de oír a Dios? Tal vez no es algo malo, solo algo que ocupa demasiado espacio. Apaga el ruido, literal y espiritual. Cierra la puerta, suelta el teléfono, y quédate un momento quieto.
Dios no dejó de hablarte; solo necesitas bajar el volumen del mundo.
Señor, ayúdame a reconocer tu voz entre tanto ruido. Enséñame a guardar silencio para escucharte. Apaga en mí todo lo que distrae mi corazón y llena mi mente de tu paz. Quiero aprender a distinguir tu susurro, incluso cuando todo a mi alrededor grita. Amén.