15 de Noviembre, 2025
"Y Jonás les respondió: —Échenme al mar, y el mar se calmará otra vez. Sé que soy el único culpable de esta terrible tormenta."
Jonás 1:12, NTV
Bienvenidos a VIVA VOZ. A veces pensamos que nuestras decisiones solo nos afectan a nosotros, pero no siempre es así. Hay personas, planes y propósitos que dependen de que tú digas "sí" a tiempo. Cada vez que pospones tu obediencia, el reloj de alguien más se retrasa.
"Y Jonás les respondió: —Échenme al mar, y el mar se calmará otra vez. Sé que soy el único culpable de esta terrible tormenta."
(Jonás 1:12, NTV)
La tormenta no vino por los marineros; vino por la desobediencia de Jonás. Él había decidido huir del llamado de Dios, y su decisión personal desató caos colectivo. A veces ocurre lo mismo con nosotros: cuando no obedecemos, no solo detenemos nuestro avance, sino también el de quienes están conectados a nuestro propósito.
Quizás hay alguien que no ha recibido lo que necesita de parte de Dios porque tú todavía estás negociando tu obediencia. Quizás hay un proyecto, una palabra, una ayuda o una conversación que debía fluir a través de ti, pero sigue en pausa porque sigues resistiendo el paso que Dios te pidió dar.
Dios es soberano, sí, pero también nos hace parte de Su obra. Tu obediencia no solo te bendice a ti, también libera bendición sobre otros. Y tu silencio o tardanza, a veces, los retrasa.
Pregúntate hoy: ¿quién está esperando mi obediencia? ¿Qué propósito se ha detenido porque sigo postergando lo que Dios me pidió?
No esperes a que la tormenta te obligue a reaccionar. Elige obedecer por amor, no por presión. A veces el mayor acto de amor hacia otros es cumplir tu parte del plan divino.
Señor, perdóname por las veces que he retrasado tu obra por miedo o comodidad. Despierta en mí una obediencia rápida, sensible a tu voz. Que mi "sí" sea una puerta abierta para que otros también puedan avanzar. Hazme entender que mi propósito no se trata solo de mí, sino de todos los que alcanzas a través de mi obediencia. Amén.