21 de Noviembre, 2025
"Entonces el siervo que había recibido una sola bolsa de plata vino y dijo: 'Señor, yo sabía que usted es un hombre duro, que cosecha lo que no sembró y recoge las cosechas que no cultivó. Tenía miedo de perder su dinero, así que lo escondí en la tierra. Mire, aquí está su dinero de vuelta'. Pero el amo respondió: '¡Siervo perverso y perezoso! Si sabías que cosecho lo que no sembré y recojo lo que no cultivé...'"
Mateo 25:24-26, NTV
Bienvenidos a VIVA VOZ. A veces no es falta de fe… es falta de acción. Pero como sabemos que suena feo admitirlo, usamos frases espirituales para justificar lo que en realidad es miedo, negligencia o comodidad. "Estoy esperando la voluntad de Dios", "todavía no es el tiempo", "Dios sabe por qué no me muevo"… y así, disfrazamos inacción con espiritualidad.
"Entonces el siervo que había recibido una sola bolsa de plata vino y dijo: 'Señor, yo sabía que usted es un hombre duro, que cosecha lo que no sembró y recoge las cosechas que no cultivó. Tenía miedo de perder su dinero, así que lo escondí en la tierra. Mire, aquí está su dinero de vuelta'.
Pero el amo respondió: '¡Siervo perverso y perezoso! Si sabías que cosecho lo que no sembré y recojo lo que no cultivé...'"
(Mateo 25:24-26, NTV)
Este siervo no solo tuvo miedo… también lo justificó espiritualmente. Le dijo al señor exactamente lo que muchos le decimos a Dios:
"Señor, yo no me moví… por prudencia."
"Yo no actué… por miedo a fallarte."
"Yo no hice nada… porque pensé que no era el momento."
Pero Jesús no aplaudió su "prudencia". Lo llamó perezoso. Porque a los ojos de Dios, no hacer nada con lo que Él te dio es una falta grave, no un acto de reverencia.
Hay personas que llevan años "esperando confirmación", cuando Dios ya habló. Otros están "orando por dirección", cuando el problema no es la falta de dirección… es la falta de obediencia.
A veces nuestro lenguaje espiritual solo es un disfraz para no enfrentar lo que Dios nos pidió.
La fe verdadera no se esconde. La fe se mueve. Se arriesga. Se expone. La fe no busca excusas… busca obediencia.
Pregúntate hoy:
¿Estoy usando excusas espirituales para no obedecer?
¿Estoy llamando prudencia a lo que en realidad es miedo?
¿Estoy diciendo que espero en Dios… mientras Él está esperando por mí?
Dios no te dio dones para enterrarlos ni llamados para posponerlos. Haz lo que te corresponde. Camina. Avanza. Las excusas no producen fruto, la obediencia sí.
Señor, muéstrame cada excusa que he cubierto con lenguaje espiritual. Quítame el miedo que paraliza y despierta en mí una fe que se mueve, que actúa y que obedece. No quiero esconder lo que me diste, quiero usarlo para tu gloria. Hazme valiente y dócil a tu voz. Amén.