23 de Noviembre, 2025
"Hace tanto que son creyentes que ya deberían estar enseñando a otros. En cambio, necesitan que alguien vuelva a enseñarles las cosas básicas de la palabra de Dios. Son como niños pequeños que necesitan leche y no pueden comer alimento sólido. Pues el que solo se alimenta de leche es aún bebé y no sabe cómo hacer lo correcto. En cambio, el alimento sólido es para los que son maduros, los que a fuerza de práctica están capacitados para distinguir entre lo bueno y lo malo."
Hebreos 5:12-14, NTV
Bienvenidos a VIVA VOZ. Hoy quiero hablarte de un tema delicado pero necesario: la diferencia entre sensibilidad espiritual y simple inmadurez emocional. No todo lo que te hiere es un ataque. No todo lo que te incomoda viene del enemigo. A veces es Dios confrontando lo que tú no quieres ver.
"Hace tanto que son creyentes que ya deberían estar enseñando a otros. En cambio, necesitan que alguien vuelva a enseñarles las cosas básicas de la palabra de Dios. Son como niños pequeños que necesitan leche y no pueden comer alimento sólido. Pues el que solo se alimenta de leche es aún bebé y no sabe cómo hacer lo correcto. En cambio, el alimento sólido es para los que son maduros, los que a fuerza de práctica están capacitados para distinguir entre lo bueno y lo malo."
(Hebreos 5:12-14, NTV)
Pablo no está reclamando falta de conocimiento… está señalando falta de madurez.
En otras palabras: el problema no era sensibilidad, era inmadurez.
Vivimos una época donde la gente se ofende fácilmente:
Pero la inseguridad no es lo mismo que discernimiento.
Y la sensibilidad emocional no es lo mismo que madurez espiritual.
La Biblia dice que los maduros han ejercitado sus sentidos — a fuerza de práctica — para discernir lo bueno de lo malo. Eso significa que desarrollaron resistencia, carácter, firmeza… no fragilidad.
A veces, lo que te "hiere" no es un ataque del enemigo, sino una caricia de Dios a tu orgullo.
A veces, lo que te molesta no es un juicio, sino una verdad que tu corazón no quiere aceptar.
A veces, lo que te duele no es injusticia, sino crecimiento.
La sensibilidad espiritual te acerca a Dios.
La inmadurez emocional te aleja de todos.
Dios no quiere que seas una persona que se rompe cada vez que es corregida… Él quiere que seas alguien capaz de escuchar, discernir y crecer.
Hazte estas preguntas con sinceridad:
¿Me hiero fácilmente porque estoy sensible… o porque estoy inmaduro?
¿Me ofendo porque me dañan… o porque no quiero soltar mi orgullo?
¿Estoy evitando verdades que podrían sanarme?
La madurez no llega con los años… llega con obediencia, humildad y práctica.
Si quieres alimento sólido, necesitas dejar que Dios trate con esas áreas que todavía reaccionan como un niño espiritual.
Señor, dame la madurez para recibir corrección sin sentirme atacado. Ayúdame a discernir cuando algo viene de ti y cuando viene de mis emociones. Líbrame de la fragilidad que me detiene y forma en mí un corazón firme, humilde y dispuesto a crecer. Amén.