6 de Noviembre, 2025
"Pero los que confían en el Señor encontrarán nuevas fuerzas; volarán alto, como con alas de águila. Correrán y no se cansarán. Caminarán y no desmayarán."
Isaías 40:31, NTV
Bienvenidos a VIVA VOZ. Hay una diferencia muy grande entre esperar en Dios y usar esa espera como excusa para no hacer nada. A veces decimos "estoy esperando al Señor" cuando, en realidad, estamos evitando obedecer lo que ya nos dijo.
"Pero los que confían en el Señor encontrarán nuevas fuerzas; volarán alto, como con alas de águila. Correrán y no se cansarán. Caminarán y no desmayarán."
(Isaías 40:31, NTV)
Este versículo no habla de una espera pasiva. Habla de una confianza activa. Los que confían en el Señor no están detenidos en el miedo, están caminando con fe. Esperar en Dios no es cruzarte de brazos, es mantenerte firme, obedeciendo aunque no veas el resultado todavía.
Muchos oran, sueñan, declaran… pero no hacen nada. Y luego se frustran porque "Dios no responde". Pero, ¿cómo va a dirigir algo que no se mueve? Abraham tuvo que salir, Pedro tuvo que lanzar la red, David tuvo que enfrentarse a Goliat. Ninguno de ellos se quedó esperando sin moverse; su fe se manifestó en acción.
Esperar no es lo mismo que estancarse. Esperar es avanzar al ritmo de Dios, no al tuyo. Es actuar cuando Él habla, incluso si todavía no entiendes todo el plan.
Pregúntate hoy: ¿estoy esperando en Dios o estoy posponiendo mi obediencia? La fe no elimina el movimiento, lo redefine. Tal vez Dios no se ha manifestado porque estás esperando señales… cuando ya te dio instrucciones.
Señor, enséñame a esperar en ti sin quedarme quieto por miedo. No quiero usar la esperanza como excusa para la inacción. Muéstrame cuándo debo avanzar, cuándo debo detenerme y cuándo simplemente confiar. Que mi fe no sea pasiva, sino obediente. Amén.