17 de Octubre, 2025
"Lávense y límpiense. Quiten sus pecados de mi vista. Dejen de hacer el mal. Aprendan a hacer el bien."
Isaías 1:16-17, NTV
Bienvenidos a VIVA VOZ. Hay oraciones que Dios no responde, no porque no quiera hacerlo, sino porque no puede bendecir algo que va en contra de su voluntad. A veces pedimos paz, pero seguimos abrazando lo que nos roba la paz. Pedimos provisión, pero seguimos administrando mal. Pedimos libertad, pero seguimos entreteniendo lo que nos ata. Queremos intervención divina, pero sin rendición personal.
"Lávense y límpiense. Quiten sus pecados de mi vista. Dejen de hacer el mal. Aprendan a hacer el bien. Busquen la justicia y ayuden a los oprimidos. Defiendan la causa de los huérfanos y luchen por los derechos de las viudas. 'Vengan ahora, vamos a resolver este asunto', dice el Señor. 'Aunque sus pecados sean como la escarlata, yo los haré tan blancos como la nieve. Aunque sean rojos como el carmesí, yo los haré tan blancos como la lana. Si tan solo me obedecen, tendrán comida en abundancia. Pero si se apartan y se niegan a escuchar, serán devorados por la espada de sus enemigos. Yo, el Señor, he hablado.'"
(Isaías 1:16-20, NTV)
No se puede pedir a Dios que bendiga algo que Él ya pidió que dejemos ir. Hay relaciones, hábitos, pensamientos o proyectos que el Señor lleva tiempo señalando, pero que seguimos justificando porque nos resultan cómodos o familiares.
El Señor dice: "Dejen de hacer el mal. Aprendan a hacer el bien". Es decir, Él no solo quiere que dejemos lo incorrecto, sino que aprendamos lo correcto. La obediencia no es opcional; es el terreno donde florece la bendición.
Muchos quieren la limpieza de Dios sin soltar la suciedad. Pero no se puede llenar un vaso con agua nueva si no se vacía primero.
Pregúntate hoy: ¿qué estoy pidiendo que Dios bendiga, pero que Él me está pidiendo soltar? La obediencia no siempre se siente bien al principio, pero abre la puerta a una paz y libertad que el pecado nunca podrá ofrecer.
Señor, muéstrame lo que debo soltar. A veces me aferro a cosas que me están destruyendo sin darme cuenta. Dame la valentía de rendirme y obedecerte, aunque me duela. Prefiero tu corrección que vivir con una falsa bendición. Amén.