28 de Septiembre, 2025
"Tengan cuidado. No hagan sus buenas acciones en público para que los demás los admiren, porque perderán la recompensa de su Padre que está en el cielo."
Mateo 6:1, NTV
Bienvenidos a VIVA VOZ. Una de las luchas más sutiles en la vida cristiana es el deseo de ser vistos. Sirves, ayudas, das, trabajas para Dios… pero en el fondo, esperas un aplauso, un reconocimiento, una validación humana que confirme lo que haces. Jesús nos advierte: si tu motivación es que te vean, ya tienes tu recompensa aquí, pero no esperes nada del Padre.
"Tengan cuidado. No hagan sus buenas acciones en público para que los demás los admiren, porque perderán la recompensa de su Padre que está en el cielo. Cuando le des a alguien que pasa necesidad, no hagas lo que hacen los hipócritas al tocar la trompeta en las sinagogas y en las calles para que la gente los alabe por sus acciones. Les digo la verdad, no recibirán otra recompensa más que esa. Pero cuando le des a alguien que pasa necesidad, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha. Entrega tu ayuda en privado, y tu Padre, quien todo lo ve, te recompensará."
(Mateo 6:1-4, NTV)
Jesús fue claro: el valor de tu servicio no está en cuántos lo aplauden, sino en quién lo ve. Si todo lo que hacemos busca reflectores, entonces nuestra motivación está desviada. Dios quiere corazones que sirvan aunque nadie los felicite, que amen aunque no haya aplausos, que den aunque nadie los reconozca.
Es fácil caer en la trampa de las redes sociales, donde parece que todo debe publicarse para que cuente. Pero el Reino no funciona así. Lo que haces en secreto tiene más peso en el cielo que lo que publicas en público. El Padre que ve lo escondido es quien trae la recompensa.
Pregúntate: ¿por qué hago lo que hago? ¿Busco la aprobación divina o la validación humana? Tal vez hoy sea el momento de purificar nuestras motivaciones. Hazlo por amor a Dios, no por aplausos. Hazlo en secreto, y confía en que el Padre lo ve todo.
Señor, examina mis motivaciones. Perdóname si he buscado más la aprobación de la gente que la tuya. Ayúdame a servirte con un corazón puro, confiando en que tu mirada basta. Amén.