3 de Septiembre, 2025
"Yo sé que en mí, es decir, en mi naturaleza pecaminosa, no existe nada bueno. Quiero hacer lo que es correcto, pero no puedo..."
Romanos 7:18-24, NTV
Bienvenidos a VIVA VOZ. Muchas veces escuchamos frases como "el diablo me está atacando", "el enemigo no me deja en paz", y claro, la Biblia enseña que tenemos un adversario real. Pero a veces olvidamos que no todo es el diablo: muchas luchas nacen de nuestra propia carne, de esos deseos internos que nos llevan en dirección contraria a lo que Dios quiere.
"Yo sé que en mí, es decir, en mi naturaleza pecaminosa, no existe nada bueno. Quiero hacer lo que es correcto, pero no puedo. Quiero hacer lo que es bueno, pero no lo hago. No quiero hacer lo que está mal, pero igual lo hago. Ahora, si hago lo que no quiero hacer, realmente no soy yo quien lo hace, sino el pecado que vive en mí. He descubierto el siguiente principio de vida: que cuando quiero hacer lo que es correcto, no puedo evitar hacer lo que está mal. Amo la ley de Dios con todo mi corazón; pero hay otro poder dentro de mí que está en guerra con mi mente. Ese poder me esclaviza al pecado que todavía está dentro de mí. ¡Soy un pobre desgraciado! ¿Quién me librará de esta vida dominada por el pecado y la muerte?"
(Romanos 7:18-24, NTV)
Pablo no está hablando del diablo aquí, sino de sí mismo. Reconoce que su propia carne es un campo de batalla. Y la verdad es que muchas veces no necesitamos que el enemigo externo nos ataque… porque nuestro peor enemigo puede estar dentro: nuestra falta de dominio propio, nuestros deseos, nuestra rebeldía.
El primer paso para vencer no es reprender al diablo, sino reconocer dónde nuestra carne nos está jugando en contra. El orgullo, la ira, la lujuria, la pereza, la envidia… todo esto no viene siempre de fuera, sino de dentro. Pero la buena noticia es que, aunque solos no podemos, en Cristo tenemos victoria.
Pregúntate hoy: ¿qué parte de mí mismo me está alejando de Dios? Identifica esa área, confiésala en oración y decide someterla al Espíritu Santo. No todo es guerra espiritual contra el diablo; muchas veces la guerra es contra nuestro propio "yo".
Señor, reconozco que muchas veces mi peor enemigo soy yo mismo. Perdóname por las veces que he culpado a otros o incluso al diablo, cuando en realidad era mi carne la que me dominaba. Hoy rindo mi vida al Espíritu Santo y te pido que me ayudes a vencer mis propias batallas internas. Amén.