30 de Septiembre, 2025
"Pues vivimos por lo que creemos y no por lo que vemos."
2 Corintios 5:7, NTV
Bienvenidos a VIVA VOZ. Una de las luchas más comunes en la vida cristiana es confundir la presencia de Dios con lo que sentimos. Hay días en que adoramos y las lágrimas fluyen; otros en que oramos y parece que el cielo está en silencio. Pero Dios no cambia por nuestras emociones. Su fidelidad no depende de cómo nos sentimos, y su presencia no se mide por escalofríos, lágrimas o sensaciones.
"Pues vivimos por lo que creemos y no por lo que vemos."
(2 Corintios 5:7, NTV)
Pablo nos recuerda que la fe no se sostiene en las emociones, sino en la verdad de Dios. Las emociones son reales, pero también son inestables. Un día puedes sentirte lleno de fe, y al siguiente vacío. Pero la fe verdadera descansa en lo que Dios dijo, no en lo que yo siento.
Si nuestra relación con Dios dependiera de "sentirlo", sería frágil y cambiante. Pero Él prometió: "Yo estaré contigo todos los días" (Mateo 28:20). Esa promesa es suficiente, aun cuando no lo sientas. La fe madura camina confiando en su palabra, aunque las emociones no acompañen.
Pregúntate hoy: ¿he confundido la presencia de Dios con lo que siento? Decide creer que Él está contigo aun en los silencios. Tu fe no debe depender de las emociones, sino de la verdad eterna de su Palabra.
Señor, gracias porque estás conmigo siempre, aunque no siempre lo sienta. Ayúdame a caminar por fe y no por vista, a creer en tus promesas más que en mis emociones. Que mi confianza en ti no dependa de lo que siento, sino de quién eres tú. Amén.