5 de Septiembre, 2025
"¡Beware! Guárdense de toda clase de avaricia; la vida no se mide por cuánto tienen."
Lucas 12:15-21, NTV
Bienvenidos a VIVA VOZ. Hay una delgada línea entre buscar a Dios con un corazón rendido y querer usar a Dios como medio para cumplir nuestros propios sueños. En una cultura obsesionada con el éxito, incluso los cristianos podemos caer en la trampa de medir nuestra fe por lo que "logramos" o "alcanzamos" en la vida. Pero Jesús nos advierte con claridad.
"Entonces dijo: '¡Beware! Guárdense de toda clase de avaricia; la vida no se mide por cuánto tienen.' Luego les contó una historia: 'Un hombre rico tenía un campo fértil que producía buenas cosechas. Se dijo a sí mismo: "¿Qué debo hacer? No tengo lugar para almacenar todas mis cosechas". Entonces pensó: "Ya sé, derribaré mis graneros y construiré unos más grandes. Así tendré espacio suficiente para guardar todo mi trigo y mis bienes. Entonces me pondré cómodo y me diré a mí mismo: Amigo mío, ¡tienes almacenado para muchos años! Relájate, come, bebe y diviértete". Pero Dios le dijo: "Necio, vas a morir esta misma noche. ¿Y quién se quedará con todo aquello por lo que has trabajado?" Así es, el que almacena riquezas terrenales pero no es rico en su relación con Dios es un necio.'"
(Lucas 12:15-21, NTV)
El problema no es soñar, ni esforzarse, ni planificar. El problema es cuando esos sueños ocupan el lugar de Dios. Cuando buscamos más "bendiciones" que a Aquel que bendice. Cuando nuestra relación con Dios se vuelve una transacción: "te sirvo para que me des éxito".
Jesús nos recuerda que la vida no se mide por lo que acumulamos, ni por el tamaño de nuestros logros. La verdadera riqueza está en nuestra relación con Él. Lo peligroso de la idolatría del éxito es que puede disfrazarse de espiritualidad: trabajar "para Dios", servir "en su nombre", pero con un corazón que en realidad persigue reconocimiento personal.
Pregúntate hoy: ¿estoy buscando a Dios por quien Él es, o lo estoy usando como medio para alcanzar mis metas? Revisa tus motivaciones. Pon a Cristo en el centro de tus decisiones. No hay éxito más grande que terminar la vida oyendo de sus labios: "Bien, buen siervo y fiel".
Señor, líbrame de convertirte en un medio para mis propios sueños. Enséñame a buscarte por quien eres y a valorar más mi relación contigo que cualquier logro personal. Haz que mi corazón se deleite en ti por encima de todo. Amén.