7 de Diciembre, 2025
"Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí."
Mateo 15:8, NTV
Bienvenidos a VIVA VOZ. Hoy quiero llevarte a un tema que toca la raíz de nuestra vida espiritual: la costumbre. Sí, esa rutina que al principio era disciplina, pero que con el tiempo puede convertirse en un acto vacío. Puedes estar haciendo todo "correcto", todo lo "espiritual", pero sin corazón. Y eso no solo apaga la profundidad… también entristece la relación con Dios.
"Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí."
(Mateo 15:8, NTV)
Estos son de los versos más confrontantes que Jesús dijo.
No habla del inconverso, habla del religioso.
No habla del que no conoce a Dios, habla del que lo conoce… pero dejó de sentirlo.
Jesús describe a personas que hacen lo correcto,
pero sin corazón.
Personas que siguen la rutina,
pero perdieron la relación.
Personas que adoran, cantan, oran, sirven…
pero ya no lo hacen desde el amor, sino desde la costumbre.
La costumbre no es mala…
hasta que reemplaza la intimidad.
Muchos creyentes viven así:
No es que dejaron a Dios,
es que dejaron de buscarlo con el corazón.
Y lo peligroso de la costumbre es que te hace sentir que estás bien,
porque estás haciendo cosas "espirituales"…
pero interiormente estás lejos.
Dios no busca rutinas perfectas,
busca corazones rendidos.
Él prefiere un minuto de sinceridad
que una hora de religiosidad.
Prefiere una oración honesta
que mil palabras repetidas.
Prefiere una adoración auténtica
que un cántico automático.
Jesús quiere relación, no rito.
Quiere profundidad, no apariencia.
Quiere corazón, no solo labios.
Pregúntate hoy:
Hoy rompe la rutina:
Ora distinto, adora distinto, lee la Biblia con intención,
haz una pausa en tu día para simplemente decir:
"Señor, aquí está mi corazón".
Tu relación con Dios renace cuando el corazón vuelve al centro.
Señor, líbrame de una fe rutinaria. Devuélveme la pasión, la sinceridad y la profundidad que quizás he perdido. Que mis palabras no sean vacías, que mis actos no sean costumbre y que mi corazón esté siempre cerca del tuyo. Enciende en mí un amor auténtico por tu presencia. Amén.