8 de Diciembre, 2025
"Pero ahora, oh Jacob, escucha al Señor, quien te creó. Oh Israel, el que te formó dice: 'No tengas miedo, porque yo te he rescatado; te he llamado por tu nombre; eres mío.'"
Isaías 43:1, NTV
Bienvenidos a VIVA VOZ. Hoy quiero hablarte de una lucha silenciosa que cargan muchos creyentes: vivir desde una identidad prestada. Una identidad moldeada por lo que otros dijeron, por lo que viviste, por lo que te marcaron, por experiencias que te hirieron, o por etiquetas que jamás debieron pegarse a tu alma. Y lo peor es que esas voces terminan siendo más fuertes que lo que Dios ha dicho de ti.
"Pero ahora, oh Jacob, escucha al Señor, quien te creó.
Oh Israel, el que te formó dice:
'No tengas miedo, porque yo te he rescatado;
te he llamado por tu nombre; eres mío.'"
(Isaías 43:1, NTV)
Este versículo es una declaración directa de identidad, no basada en tu historia… sino basada en tu Creador.
Dios dice:
Pero aun así, muchos viven como si fueran lo que otros dijeron que eran:
— "No sirves."
— "Eres un fracaso."
— "Nunca cambiarás."
— "Eres igual que tu familia."
— "No eres suficiente."
— "No eres llamado."
— "No vales."
Palabras que no vinieron del cielo, pero que terminaron marcando tu alma.
Y así nace una identidad prestada:
una identidad que no salió de Dios,
pero que aceptaste como tuya.
El enemigo siempre atacará tu identidad porque sabe que si no sabes quién eres… no sabrás qué cargas, ni hacia dónde caminas, ni qué autoridad tienes.
Si crees una mentira lo suficiente, terminarás viviendo como si fuera verdad.
Pero Dios te dice hoy:
"Yo te llamé por tu nombre, tú eres mío."
Eso significa:
Tu identidad está en quien te creó, no en quien te hirió.
En quien te llamó, no en quien te criticó.
En quien te formó, no en quien te rechazó.
Dios no te define por tu herida, sino por tu propósito.
Pregúntate hoy:
Haz un ejercicio espiritual:
Escribe una mentira que has creído sobre ti…
y al lado, escribe la verdad que Dios dice en Isaías 43:1.
Luego rompe la mentira y quédate con la verdad.
Tu identidad no se presta… se recibe.
Señor, hoy renuncio a toda identidad falsa, toda palabra dañina y toda etiqueta que no vino de ti. Recuérdame quién soy en tus ojos. Alinea mi corazón con tu verdad. Enséñame a creer lo que tú dices de mí, incluso cuando mi mente quiera regresar a lo viejo. Mi identidad está en ti. Amén.