5 de Enero, 2026

Tiempo a solas con Dios

"Después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar."

Mateo 14:23, NTV

Bienvenidos a VIVA VOZ. Hoy quiero hablarte de algo que todos necesitamos, pero que casi siempre postergamos: tiempo a solas con Dios. No tiempo para pedir, no tiempo para resolver, no tiempo para servir… sino tiempo para estar. Para respirar. Para volver al centro.

Lectura bíblica:

Mateo 14:13–23

"Después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar."

(Mateo 14:23, NTV)

Reflexión:

Jesús venía de días intensos. Multitudes, necesidades, milagros, personas que tiraban de su tiempo y de su energía. Y aun así, Él hacía algo que parece contradictorio: se apartaba. No porque no amara a la gente, sino porque amaba al Padre.

Jesús entendía algo que nosotros a veces olvidamos: no puedes dar continuamente sin volver a la fuente.

Después de sanar, alimentar y servir, Jesús se fue a orar. No huyó del mundo; se refugió en la presencia del Padre. Ahí recargaba fuerzas. Ahí alineaba su corazón. Ahí encontraba claridad.

Muchas veces creemos que estar a solas con Dios es un lujo. Pero en realidad es una necesidad. Cuando no te apartas, te agotas. Cuando no te detienes, te vacías. Cuando no oras, empiezas a vivir desde la prisa y no desde la comunión.

Es como ese niño que, en medio del ruido, buscó a su papá. No se escapó para perderse, se apartó para sentirse seguro. Así funciona el tiempo a solas con Dios: no te aleja de la vida, te sostiene dentro de ella.

Aplicación para nuestras vidas:

Pregúntate hoy:

  • • ¿Cuándo fue la última vez que estuve a solas con Dios, sin prisas?
  • • ¿He convertido la oración en una lista y no en un encuentro?
  • • ¿Qué me impide apartarme para estar con Él?

Haz algo sencillo: busca hoy un momento breve, pero intencional. Apaga el ruido. Cierra la puerta. Dile a Dios: "Aquí estoy". No para hacer, sino para estar.

Oremos:

Señor, enséñame a apartarme contigo. En medio de mis responsabilidades y del ruido, ayúdame a buscarte a solas. Renueva mis fuerzas, mi fe y mi corazón en tu presencia. Amén.

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