Devocional del día
Día 28
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"Y estoy seguro de que Dios, quien comenzó la buena obra en ustedes, la continuará hasta que quede completamente terminada el día que Cristo Jesús vuelva."
— Filipenses 1:6, NTV
Bienvenidos a VIVA VOZ. Hoy en el Día 28, quiero hablarte de esos días en los que sientes que en vez de avanzar, estás retrocediendo. Días en los que parece que perdiste todo el progreso espiritual, emocional o profesional que habías logrado. ¿Qué pasa cuando te ves débil otra vez? ¿Cuando vuelven miedos, actitudes o tentaciones que pensabas superadas? La respuesta no está en tu fuerza… sino en quién empezó la obra en ti.
"Y estoy seguro de que Dios, quien comenzó la buena obra en ustedes, la continuará hasta que quede completamente terminada el día que Cristo Jesús vuelva."
— Filipenses 1:6, NTV
Pablo no dice "yo espero" o "yo creo que quizás"… él dice "estoy seguro". Seguro de que Dios no empieza lo que no planea terminar. Cuando sientes que estás retrocediendo, probablemente estás en una curva del proceso, no en un fracaso. Los retrocesos aparentes muchas veces son solo pausas necesarias, momentos de preparación o simplemente señales de que necesitas volver a confiar.
La buena obra que Dios comenzó en ti no depende de tu fuerza de voluntad. Depende de Su fidelidad. Él no se frustra contigo, no abandona a medias, no se rinde. Si alguna vez sentiste que volviste al punto de partida, hoy la Palabra te dice: no es el final. Dios sigue trabajando en ti, incluso cuando tú no lo ves.
El crecimiento espiritual, emocional y personal rara vez sigue una línea recta ascendente. Más bien, se parece a una espiral: avanzas, retrocedes un poco, pero nunca vuelves exactamente al mismo punto.
Lo que para ti parece un retroceso, para Dios puede ser un reposicionamiento estratégico. A veces necesitamos dar un paso atrás para tomar impulso y saltar más lejos.
El versículo dice claramente que Dios comenzó la obra y Él la completará. Tu responsabilidad es cooperar, no cargar con todo el peso del resultado final.
La obra tiene fecha de finalización: "el día que Cristo Jesús vuelva". Esto significa que el proceso continúa durante toda nuestra vida terrenal. No te desesperes si aún no estás "terminado".
Después de declarar que Jesús era el Cristo y recibir las llaves del reino, Pedro negó conocer a Jesús tres veces. Parecía un retroceso devastador, pero se convirtió en la base de su restauración y liderazgo posterior.
"Simón, Simón... yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos." (Lucas 22:31-32)
Después de ser vendido como esclavo, José logró una posición de confianza en casa de Potifar, solo para terminar en prisión por una falsa acusación. Parecía un retroceso, pero era parte del camino hacia el palacio.
"Pero Jehová estaba con José y le extendió su misericordia." (Génesis 39:21)
Después de ser ungido como futuro rey, David pasó años huyendo por su vida, viviendo en cuevas. Parecía que su destino se alejaba, pero Dios estaba formando su carácter para gobernar.
"Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo." (Salmo 23:4)
Después de ser llevado al tercer cielo, Pablo recibió una "espina en la carne" que lo debilitaba. Lo que parecía un retroceso era en realidad una protección contra el orgullo.
"Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad." (2 Corintios 12:9)
Cuando sentimos que nuestra fe se debilita, que la oración se vuelve difícil o que las dudas aumentan.
"El espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil." (Mateo 26:41)
Cuando vuelven miedos, inseguridades o patrones emocionales que creíamos superados.
"No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento." (Romanos 12:2)
Cuando volvemos a patrones dañinos en nuestras relaciones o experimentamos conflictos inesperados.
"Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo." (Gálatas 6:2)
Cuando volvemos a caer en hábitos o comportamientos que habíamos logrado cambiar.
"Todo lo puedo en Cristo que me fortalece." (Filipenses 4:13)
Cuando enfrentamos fracasos, pérdidas o estancamiento en nuestra carrera o ministerio.
"Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien." (Romanos 8:28)
Cuando perdemos claridad sobre nuestra dirección o sentimos que nos alejamos de nuestro llamado.
"Fiel es el que os llama, el cual también lo hará." (1 Tesalonicenses 5:24)
Es importante notar que Pablo no dice "espero" o "creo" o "tal vez". Él dice "estoy seguro". Esta certeza no estaba basada en el desempeño de los filipenses, sino en el carácter de Dios.
Pablo había experimentado sus propios retrocesos. Había sido perseguido, encarcelado, abandonado por compañeros, enfrentado oposición dentro de las iglesias que fundó. Sin embargo, mantenía esta seguridad inquebrantable: Dios termina lo que comienza.
"Dios nunca se da por vencido con nosotros. Él sigue trabajando pacientemente, incluso cuando nosotros hemos dejado de trabajar en nosotros mismos."
Haz una pausa hoy. Piensa en lo que sientes que perdiste, en lo que te hace sentir que no estás avanzando. Luego, declara esta promesa: "Dios comenzó algo bueno en mí… y lo terminará." Repite esto hasta que tu mente lo entienda. Aunque tropieces, no es un reinicio desde cero, es parte del proceso de construcción.
Admite honestamente dónde sientes que has retrocedido, pero hazlo sin auto-condenación. La culpa paralizante no viene de Dios.
Reflexiona sobre qué situaciones, personas o pensamientos pueden haber contribuido a este retroceso. El conocimiento te ayudará a estar preparado en el futuro.
Mira hacia atrás y reconoce todo el camino que ya has recorrido. Un retroceso no borra todo tu progreso anterior.
Repite en voz alta: "Dios comenzó algo bueno en mí y lo terminará". Hazlo diariamente, especialmente cuando te sientas desanimado.
No intentes recuperar todo de una vez. Identifica un pequeño paso que puedas dar hoy para volver a la dirección correcta.
Señor, gracias por no darme por terminado. Gracias porque sigues obrando en mí aun cuando yo no lo percibo. Ayúdame a no perder la fe en medio de las pausas o retrocesos. Recuérdame que estás presente, que tu obra sigue activa, y que llegaré a donde tú planeaste. Amén.
Esto fue VIVA VOZ.
Gracias por quedarte hasta el final.
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Y recuerda:
Dios no deja nada incompleto…
y eso te incluye a ti.
Nos escuchamos mañana.