Devocional del día
Día 29
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"Sin embargo, yo confío en que veré la bondad del Señor mientras estoy aquí, en la tierra de los vivientes. Espera con paciencia al Señor; sé valiente y esforzado. Sí, espera al Señor."
— Salmo 27:13–14, NTV
Bienvenidos a VIVA VOZ. Hoy en el Día 29, quiero hablarte a ti que estás esperando. Esperando una respuesta, una solución, una puerta que se abra. Y mientras esperas… sientes que el silencio de Dios se hace más fuerte. Pero, ¿y si en ese silencio también estuviera hablándote? Hoy vamos a recordar lo que sucede en el corazón cuando decidimos confiar… aun cuando aún no vemos.
"Sin embargo, yo confío en que veré la bondad del Señor mientras estoy aquí, en la tierra de los vivientes. Espera con paciencia al Señor; sé valiente y esforzado. Sí, espera al Señor."
— Salmo 27:13–14, NTV
David no escribe esto desde una cima de victoria. Lo escribe desde el valle, desde el lugar donde muchas veces estamos nosotros: esperando. Pero su esperanza no era vaga ni ciega. Él dice: "veré la bondad del Señor… aquí". No después de la muerte, no en un futuro incierto. Aquí. En esta vida. En medio de lo que ahora parece confuso, doloroso o estancado.
Esperar no significa estar pasivos. Significa ser valientes, fuertes, resistentes en la fe. La espera no es castigo, es preparación. Y mientras esperas, Dios está trabajando: en tu interior, en tus circunstancias, en todo lo que no puedes ver. No estás abandonado… estás en proceso.
Cuando David escribió el Salmo 27, no estaba en un momento de paz y tranquilidad. El salmo comienza con estas palabras:
"El Señor es mi luz y mi salvación; ¿a quién temeré? El Señor es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme? Cuando se juntaron contra mí los malignos, mis angustiadores y mis enemigos, para comer mis carnes, ellos tropezaron y cayeron." (Salmo 27:1-2)
David estaba rodeado de enemigos, enfrentando amenazas reales, y aun así, en medio de esa situación, pudo declarar su confianza en que vería la bondad de Dios en esta vida. Su espera no era pasiva ni desesperada, sino llena de expectativa y valor.
Esperar en Dios no significa quedarse de brazos cruzados. Es una espera activa, llena de fe y expectativa.
"Los que esperan en el Señor renovarán sus fuerzas; levantarán alas como las águilas." (Isaías 40:31)
Los tiempos de espera no son un castigo divino, sino periodos de preparación y formación de carácter.
"Porque yo sé los planes que tengo para vosotros, planes de bienestar y no de calamidad." (Jeremías 29:11)
El silencio de Dios no significa su ausencia. A menudo, es en el silencio donde más profundamente obra.
"No te desampararé, ni te dejaré." (Hebreos 13:5)
En nuestra cultura de gratificación instantánea, la espera se ve como algo negativo, como tiempo perdido. Pero en la economía de Dios, la espera es un tiempo de entrenamiento espiritual invaluable.
Esperó 25 años por el hijo prometido. Durante ese tiempo, su fe fue probada y fortalecida.
"Esperó con paciencia, y recibió lo prometido." (Hebreos 6:15)
Pasó años en la esclavitud y la prisión antes de ver cumplido el propósito de Dios para su vida.
"Hasta que se cumplió su palabra, la palabra del Señor lo probó." (Salmo 105:19)
Pasó 40 años en el desierto de Madián antes de ser llamado a liberar a Israel.
"Por la fe dejó Egipto... porque se sostuvo como viendo al Invisible." (Hebreos 11:27)
Oró durante años por un hijo, enfrentando la vergüenza y el dolor de la esterilidad.
"Ana oraba al Señor, y lloraba amargamente." (1 Samuel 1:10)
"La espera no es la sala de espera de la vida. Es el taller donde Dios forma nuestro carácter para el propósito que tiene para nosotros."
Es importante notar que David no dice "quizás veré" o "espero ver" la bondad del Señor. Él dice "yo confío en que veré". Esta es una declaración de fe absoluta. Y lo más significativo es que especifica "mientras estoy aquí, en la tierra de los vivientes".
David no estaba posponiendo su esperanza para después de la muerte o para un futuro lejano. Él creía firmemente que, a pesar de sus circunstancias actuales, vería la bondad de Dios manifestarse en su vida presente, en medio de sus desafíos.
Ver la bondad del Señor no siempre significa que obtendremos exactamente lo que pedimos. Significa reconocer la mano de Dios obrando para nuestro bien, incluso cuando las respuestas vienen de formas inesperadas.
La bondad de Dios puede manifestarse como protección, provisión, dirección, consuelo, fortaleza, paz interior, restauración, o incluso a través de pruebas que nos hacen crecer.
Esta frase es crucial porque enfatiza que David esperaba ver la bondad de Dios en esta vida, no solo en la eternidad. Su fe no era solo para el más allá, sino para el aquí y ahora.
Esto nos recuerda que Dios no solo se preocupa por nuestro destino eterno, sino también por nuestra vida presente. Él desea bendecirnos, guiarnos y manifestar su bondad en nuestras circunstancias actuales.
Es notable que David repite la exhortación "espera al Señor" dos veces en el mismo versículo. Esta repetición no es casual; enfatiza la importancia de la espera y sugiere que no es fácil mantener esta actitud.
"Espera con paciencia al Señor"
Enfatiza la cualidad de la espera: con paciencia. No es una espera ansiosa o desesperada, sino confiada y serena.
"Sí, espera al Señor"
Refuerza la instrucción, como diciendo: "En serio, esto es importante. No te rindas en la espera."
Entre las dos exhortaciones a esperar, David inserta una instrucción crucial: "sé valiente y esforzado". Esto revela una verdad profunda: esperar requiere valor y fortaleza.
Hoy, en lugar de enfocarte en lo que no ha llegado, enfócate en lo que Dios ya te ha dado. Haz una lista de bendiciones presentes. Afirma en tu corazón: "Yo veré la bondad del Señor". Y si necesitas repetirlo muchas veces, hazlo. Porque la espera no es pérdida… si sigues confiando en quien nunca falla.
Identifica específicamente las áreas de tu vida donde estás esperando una respuesta o una manifestación de Dios. Nombrarlas te ayuda a enfrentarlas con mayor claridad.
Haz una lista de al menos tres bendiciones que ya tienes en tu vida. Agradece por ellas específicamente cada día. La gratitud cambia nuestra perspectiva y nos ayuda a ver la bondad de Dios que ya está presente.
Repite en voz alta: "Yo confío en que veré la bondad del Señor en esta vida". Hazlo especialmente cuando la duda o la impaciencia quieran dominar tus pensamientos.
Mientras esperas por algo grande, sé diligente y fiel en las pequeñas responsabilidades que ya tienes. La fidelidad en lo poco prepara para la fidelidad en lo mucho.
Pregúntate: "¿Qué podría estar enseñándome Dios en este tiempo de espera? ¿Qué carácter está formando en mí?" Busca el crecimiento, no solo la respuesta.
Señor, tú sabes que estoy esperando. A veces me canso, a veces me frustro, a veces dudo. Pero hoy quiero renovar mi confianza. Ayúdame a ser valiente mientras espero, a no perder la fe, a recordar que tú estás obrando aunque no lo vea. Creo que veré tu bondad… aquí. Amén.
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Y recuerda:
La espera no es pérdida…
cuando tu esperanza está en el Señor.
Nos escuchamos mañana.