8 de Enero, 2026
"Prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús."
Filipenses 3:12, NTV
Bienvenidos a VIVA VOZ. Hoy quiero hablarte de la pasión. No esa emoción momentánea que se enciende y se apaga, sino esa fuerza interior que dirige tu vida. Porque todos vivimos con pasión por algo… la pregunta es hacia dónde está dirigida.
Hechos 9:1–9
"Prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús."
(Filipenses 3:12, NTV)
Saulo era un hombre apasionado. Convencido. Intenso. Determinado. El problema no era su pasión, era su dirección. Creía estar haciendo lo correcto, pero estaba luchando contra Dios.
Todo cambió cuando se encontró con Jesús en el camino a Damasco. No perdió su pasión… fue redirigida. El mismo fuego que antes perseguía, ahora anunciaba. La misma entrega que antes destruía, ahora edificaba.
Eso nos enseña algo poderoso: Dios no apaga tu pasión, la transforma.
Después de su encuentro con Cristo, Pablo volvió a lanzarse con la misma intensidad, pero esta vez a favor del Reino. Su pasión no fue moderada, fue alineada. Y por eso su vida sigue impactando generaciones.
A veces creemos que para seguir a Dios tenemos que ser menos intensos, menos apasionados, menos radicales. Pero Dios no busca personas apagadas; busca corazones rendidos.
El mundo no necesita menos pasión.
Necesita pasión correctamente dirigida.
Pregúntate hoy con honestidad:
Haz algo sencillo: entrégale tu pasión a Dios. Dile que la purifique, la redireccione y la use para su gloria.
Señor, hoy te entrego mi pasión, mi intensidad y mi fuerza. No quiero vivir apagada ni desenfocada. Dirige mi corazón, mis deseos y mis acciones hacia lo que tú quieres hacer en mí y a través de mí. Amén.